
Para conseguir lo que uno quiere, hay que ser constante en la lucha. Casi como aquellos apuestos caballeros que se enfrentaban a enormes dragones. Lástima que eso sólo fueran cuentos. En la vida real, el dragón no siempre muere. Cuántas veces crees tenerlo todo y de pronto, todos tus logros parecen inexistentes, las cosas resultan no ir tan bien como pensabas. Te encuentras ante dos caminos, uno consistente en una espera indefinida con un único destello de esperanza o terminar rindiéndote ante la adversidad. Siempre será mejor ser paciente, aunque las oportunidades se reduzcan a una entre un millón. Mejor que a uno lo derroten que perder por propia voluntad. Cuando se tiene todo y un buen día parece que te has quedado sin nada, sólo hay un resultado distinto a todo lo acontecido, y es salir airoso en la batalla. No se puede perder lo que no se tiene. Si jugamos bien, manejando al milímetro nuestros movimientos y con la paciencia intacta, lo más probable es que terminemos llegando a la meta. Sólo encuentro un problema, desgraciadamente a veces parece que cerráramos los ojos y no viéramos que muchas de las cosas que queremos se van, y el día en que nos damos cuenta la espera se ha hecho demasiado larga. Y si a ésto le sumamos, el tiempo que tendríamos que invertir despues para que las cosas fueran al menos como eran, buenas o malas, todo se vuelve una eternidad. Cuando por fín conseguimos lo que queremos , hemos puesto tanto empeño para lograr que todo sea perfecto que en un instante te invade el desinterés y terminamos sin saber si ha merecido la pena.